viernes, 31 de julio de 2026

El ciclo de las edades y la muerte.

 

Museo del Prado

¡Padre!

En la despedida

y tras un intento fallido

 de preparar tu cuerpo

 aún caliente

para un viaje infinito

 que ya has iniciado,

sintiéndote marchar,

tendido

 sobre el frío mármol,

pongo mi mirada ausente

en la memoria 

de una imagen reciente;

y también en el pensamiento

 de las horas que nos esperan

 tras tu muerte.


El ciclo continúa

en el recuerdo de una joven

 sujetada por la anciana;

de la anciana sujetada

 por la muerte.

Por la muerte 

que sostiene, 

a la vez,

un reloj de arena

 que marca 

el incontrolable paso del tiempo

y el asta rota

 que zigzagea, 

como los trozos

 de una vida entera.


A sus pies

 la infancia, 

el punto de inicio señalado

 por la lanza,

primer eslabón de la cadena.



Al fondo

 el árbol ya seco

y las figuras combatientes:

 

a galope 

fuera de las murallas;


 a pie 

en la torre destruida 

de un castillo derruido;


a rastras

 en el escaso cauce

de un río sin corriente.


Un mundo violento y putrefacto.


Sobre el agrietado suelo

nos mira con énfasis

 la lechuza,

invocando la divina sabiduría

que pretende enseñarnos

el camino 

de la divina providencia;


 por encima de las montañas, 

en el cielo,

un Cristo 

asciende directo 

hacia la luna 

marcada por la cruz

que le está esperando.


¡Padre! 

Una esperanza para ti

 al abandonarnos,

a pesar de nuestra distancia

a la fe de las divinas creencias.

Al fin y al cabo 

esa Cruz 

que asciende 

hacia las estrellas

siempre estuvo en tu cabecera.


Mientras aquí,

aún más empujados

 por tu ausencia,

como nos enseñaste

estaremos para sujetarnos

en los difíciles días

y esperar

-como tanto deseaste-

el nuevo eslabón 

infantil

 de la cadena.


lunes, 19 de mayo de 2025

 


Manu Guinarte de la web de RTVE

Alma herida, 

tocada por la fuerza del blues.

Su triste vida se resistió

a los dos dólares;

dijo no.

Dijo “no soy buena”.

Dijo “no pude hacer 

nada bien”.


Una madre, a la que no culpó

del hambre en negro

ni del lamento de color,

ignoraba que tomó

la única salida

y vendió

su dulce oscura piel.


Lucha incansable

ante el continuo dolor

golpeado por un “no eres nadie

y nunca lo serás”,

respondido por un “no voy a caer

porque no hay lugar para mí 

ahí abajo”.


La dama canta el blues

tratando de que se escuche

su “hay algo que nunca tuve”,

cuando el amor incondicional

cruza las paredes del club

y la garganta suplica

“toma todo de mí”.


“Quiere que el mundo

sepa lo que canta”,

pero los barrotes de su cárcel

la empujan a olvidar sus palabras,

sus recuerdos.


Cuando la muerte cuelga

de los árboles sureños

como extraños frutos

y navega por la sangre

de sus hojas y sus raíces,

va calando también en su cuerpo

para escuchar como le canta

“deja de perseguirme”,

“no sé como despistarte”,

“me acostumbré a ti”.


Cayó, 

pero hacia las estrellas,

mientras decía

que “lo peor de estar lejos

es que te olvidas 

como son las personas.”

Tan alto subió,

que nunca se le olvidó.






miércoles, 29 de marzo de 2023

Nunca será y mis primeros poemas de amor


En tus ojos descubrí
la serena sensación de tu profunda mirada.
De tus ojos rescaté
la irrepetible ocasión de querer y no saber.
Por tus ojos restauré
la esperada compañía y el deseo de unos brazos.

Inquieto, pero seguro de tenerte y recibir,
fueron tus manos primero las que vinieron a mí.
Tus labios fueron llegando para unidos respirar
oxígeno del mismo aire, fuerza del mismo caudal.
El contacto cristalino que en tu vientre conocí
anuncia, desde tu cuerpo, el esperado final
de mis solitarios días y mi frío amanecer.

* * *

Sueño que quiero en un sueño
el sonreir de tu pelo.
Sonrío por tu presencia
que quiero mil veces, quiero.

Siento que vibro por dentro
cuando el deseo se hace fuego.
Sueño que vivo ese sueño
donde tu amor agradezco.

Sueño que quiero ese sueño
donde la luz del sosiego
te amarra cerca de aquí.

Sueño que deseo mis sueños
para verte sonreir
cuando estás cerca de mí.

Siento que tengo ese día
en que la luz se despierta
con los colores de abril,
cuando nacen los olores
y se entreabre el jazmín.

Sueño que quiero sentir
las ramas entrelazadas
que bordadas en tapiz,
unirán tu cuerpo al mío
bajo las gotas de abril.

Sueño que vivo en un sueño
al tenerte junto a mí.

* * *

No es, ni nunca será, una luz cautivadora;
ni entre tantas recibidas, el reflejo de una rosa
a la que siempre mi mente colorea fresca y roja.

No es, ni nunca será, una sensual caricia;
ni la suavidad que mece la pasión entre mis labios
mientras mis ojos cerrados, ven que la piel se sonroja.

No es, ni nunca será, una fecha conocida;
ni regalos de aquel día que para siempre poseo,
como si un recuerdo o una posesión fuera en mi vida.

No es, ni nunca será, una lluvia de energía;
ni el planeta que gravita entre mis días
y en el que mi cuerpo aterriza.

No es, ni nunca lo será, porque ella
es la fuente de luz, la semilla del rosal,
la mano que me acaricia,
los labios que cierran mis ojos,
el universo en el que encuentro el sentido,
mi día a día,
el regalo que me entregó la vida.
Ella es María.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Dos despedidas


Foto: Kaiko.
I
Encarna y Andrés

Desde la humildad de ser sólo un conocido;

desde el desconocimiento,
por estar lejos desde hace tiempo,
en el paisaje;
desde la necesidad de conducir un sentimiento,
despídeme de ella.
Despídeme así, con mis palabras.

Brevemente,
como una deshilachada nota
más allá del fondo de vuestro concierto;
como una instantánea
en vuestras encadenadas citas,
háblale
de que sería imperdonable
olvidarnos de su fuerza ya vencida,
de su humanidad exagerada,
de sus días.

Háblale de mis palabras
sin distraer su reposo,
sin romper vuestra soledad compartida.
Háblale cualquier día,
en un momento en el que necesitéis
seguir abriendo los recuerdos de la vida,
las escenas de familia.
Cualquier día...
No sé... cualquier día.

Cualquier día,
dentro de vuestra despedida,
háblale de mi admiración por su ejemplo,
por su entrega, por la ayuda recibida,
por sus días.
Hablalé de que algo de ella
ocurrió en nuestras vidas,
de que algo de ella
ocurrió en mi vida.

O simplemente, cualquier día,
cuando la huída del dolor te lo permita,
dale un abrazo, dile "recuerdos",
piensa en nosotros mientras la miras.

II
Julián y Carmen

Desde la humildad de ser sólo aquel sobrino;

desde el desconocimiento,
por estar lejos desde hace tiempo,
en el paisaje casi toda una vida;
desde la necesidad de conducir un sentimiento,
despídeme de él.
Despídeme así, con mis palabras.

Brevemente,
como una deshilachada nota
más allá del fondo de este inicial desconcierto;
como una instantánea
en vuestras silenciosas citas,
háblale
de que sería imperdonable
olvidarnos de su robusta fuerza, ya vencida,
de su apreciada humanidad
y de su celosa vida oculta, dura,

de sus días.

Háblale de mis palabras
sin distraer su reposo,
sin romper vuestra soledad compartida.
Háblale cualquier día,
en un momento en el que necesites
seguir abriendo los recuerdos de la vida,
las sufridas vivencias de familia.
Cualquier día...
No sé... cualquier día
en el que le sea posible comprender
cuando lo miras.


Cualquier día,
dentro de vuestra despedida,
háblale de mi preocupación por su duelo,
por su resistencia,
por la costosa ayuda que le das
en su inútil lucha,

por vuestros últimos días.
Hablalé de que algo de él
se cruzó en nuestras vidas,
de que algo de él
ocurrió en mi vida.

O simplemente, cualquier día,
cuando la huída del dolor te lo permita,
dale un abrazo, dile "recuerdos",
piensa en nosotros mientras lo miras.



martes, 17 de noviembre de 2009

LA FILA

Nacida de la larga fila del hambre, sólo para oír amanecer 
al sonido
 de los perfilados pájaros metálicos que sembraban los cielos de temor, que arrancaron a su padre el corazón y les obligó a una despedida 
de triste pan 
escondida
 bajo las tiras
 de su enfermo colchón. 
 Herida 
por la servidumbre de género 
desde una infancia 
marcada por la esclavitud 
a cambio de un plato 
y nada más,
 por la explotación del esfuerzo, 
por el secuestro del habla, 
por la perdida ausencia 
de la propia alma. 
 Huida hacia otra tierra,
extraña, 
hundida en la infinita dependencia 
de las vidas que eran más altas, 
que superaban 
su común y mortal desesperanza para ordenarle cada jornada. Prendida 
por las cartas del amor 
que fueron toda una vida 
de generosa paciencia, 
de exagerada complacencia 
ausente de la más mínima rebeldía, sólo inquieta. 
 Aturdida 
por los rápidos reflejos 
de una permanente estación 
que la impulsaba 
hacia una asumida certeza. Protagonista 
de mil vidas 
que en sus recuerdos no cesan, 
que ahora acumula 
en esencias 
para construir su belleza. 
 Siempre mía, 
siempre madre, 
siempre entrega.

viernes, 14 de agosto de 2009

Momentos en familia.


Pasaron años.
Para algunos
la mitad de media vida.

Pasaron días.
Historias, cenas y huídas.
Murmullos y voces,
pasado y futuro entre comida.

Y al pasar,
cuando la entrega y el tiempo
no ponen el límite,
como si de ayer estuviésemos hablando...
Se encontró el momento.

Tras el aperitivo en el bar;
tras los recuerdos de una lucha que no acaba;
tras los colores del pincel
sobre las telas femeninas,
tras las dudas en el amor;
tras la felicidad del niño
entre juego, risas y alegría;
tras la sorpresa bien guardada,
tras el preciso objetivo de la cámara
que recorrió cien bosques;
tras el mojito
en el refrescante murmullo del silencio...
Se encontró el momento.

Sumando las cuerdas de su guitarra,
de una bandurria y de las gargantas,
evocamos la mitad de media vida
y un cuarto de nuestra alma;
trajimos el gen heredado
de la canción de la patria;
nos elevamos a la compañía
del cariño en la batalla.

Llegó el momento de la magia,
en secreto construida
con la luz de las penumbras
que reinan en cada casa;
llegó cuando la noche se agita
sobre los tejados grises
en los que valiente se desliza
un gato cojo que es libre;
nos alcanzó sin remedio
cuando la noche se arrima,
aunque todos empujemos
para frenar su salida.



jueves, 30 de julio de 2009

domingo, 7 de junio de 2009

MAESTRO BENEDETTI














Fotografías: José María Molina.




Como un cristo sólo humano, terrenal,
de versos divinos -sin un ápice de divinidad-,
has deseado que tu muerte sea un justo sacrificio
que salve, de tu pronosticado suicidio,
a toda la humanidad.


1985.
Así llegaste a mí junto a la voz de Serrat.
Criticando el ritual, el culto...
y hasta la llaves del reino que manejan la urbanidad:
el Norte mandará.

Así, desde la voz de Serrat,
en un momento crucial,
moviéndome en la frontera del militar al civil,
del estudio a la carrera, del amor a la pareja,
caló en mí la identidad del hombre aún disponible
que traga frutos amargos, que hace siempre lo imposible
mientras el Norte le deja.

Y siguen predicadores, esos gases que envenenan,
terratenientes y ricos, grandes gastos en defensa
y la mentalidad invasora, pues el Norte es el que ordena.
Así, desde tus versos, su música y su voz,
asumí ese sentir desde el Sur que aprovecha siempre el sol,
que usa lo que le sirve y nada desaprovecha;
recogí las ideas antimisil y antiguerra de galaxias;
profundicé en las raíces, la memoria y el recuerdo
de una tierra que publica que este Sur es del planeta.

2009.
Y ahora, que abandonaste tu versión terrenal,
tal y como tantas veces pronunciaste
heredamos una humanidad que sigue viva;
pero ya sabes: herida de muerte.

Ahora que ya siempre estarás con nosotros,
intento seguir tus mandatos sin conseguirlo.

Primero, me dejo empujar en la justa medida,
porque debes reconocer que ese impulso
también se necesita.

Segundo, sigo cultivando mis sueños,
pero siento que no todos se apoderan de mi realidad;
comprenderás que no soy perfecto.

Eso sí, asumo las consecuencias de lo que hago,
a pesar de que en este mundo sigue siendo muy arriesgado.

Cuarto, intento distinguir y deshechar los insensatos consejos
que se apoyan en divinas manos.

Aún así soy agradecido con cada nuevo día,
con la vida, con una sonrisa,
pero me cuesta ayudar a las personas
que tras mis cristales veo egoistas e injustas,
salvo cuando me aseguro de que me darán algo a cambio.

Aunque a veces con esfuerzo, acepto la crítica,
construyendo hasta de la que no viene de frente,
incluso de la que está de tacto ausente.

Séptimo, busco soluciones hasta el cansancio,
y aunque procuro la justicia, soy humano;
cuando me siento injusto, soy sincero, razonable
y persistente en el cambio.

Octavo, me gusta no ser juez,
aunque me resulta difícil decir a otros que no lo sean.

Y a estas alturas me cuesta mucho sacar de la cabeza
lo que no sale del corazón;
me cuesta, pero consigo digerir, el perder;
me cuesta, pero acepto, el error;
me cuesta, pero admito, la derrota.

(Creo que no llegué a diez.)

Me cuesta, Maestro, pero miro al horizonte
del mar de tus palabras en la oscuridad de la noche
y casi siempre logro encontrarte.
Pero sólo a veces logro encontrarme.

lunes, 1 de junio de 2009

REFLEXIÓN POLISÉMICA SOBRE NEGRAS ACTITUDES CUBIERTAS DE FALSA POLICROMÍA

Fotografía: Kaiko de su colección "Marroc",
www.kaiko.es


Gustaba.
Sí, la verdad es que me gustaba
contemplar con los ojos de la ilusión,
a veces blanca, a veces negra,
el multicolor paisaje de la intuitiva reacción
que multiplica el daño por mil.
Me gustaba estar cerca
porque creía que podía cambiarlo.

Visualizar la inocencia que hace daño
multiplicado por un millón,
y asimilarlo hasta que el dolor
se hace impulso de vida
diluido en la sangre del corazón.

Me ha gustado.
Sí, irremediablemente me ha gustado
verte distinguir en el abstracto lienzo
del arte que refleja nuestro mundo
y todo alrededor,
que pocas pinceladas son blancas o negras,
sino más bien lo parecen a lo lejos
en las miradas con gafas de cristal
de algún color;
me ha gustado
que al acercarte a verlo
tu rostro ha reflejado la rabia del que descubre
que tanto el blanco como el negro
expresan en la proximidad
su verdadera gama de impresión en grises.
El blanco, que no lo es tanto,
oculta una capa de negros mas gris.
El negro, que no lo es tanto,
desplaza entre surcos un blanco
que si la vista no engaña
casi parece gris.




sábado, 18 de abril de 2009

Más allá del alma ennegrecida de Palmira, cuando salió de su jardín ("MÁS ALLÁ DEL JARDÍN" DE ANTONIO GALA)















Tanto el paisaje ennegrecido por la humillación del ser humano
que habita más allá de su jardín, en su ciudad,
como las inagotables necesidades de una miseria que avanza,
más cuanto más lucha por destruirla,
salpican de levedad lo que sucedió y todo lo perdido.

Gotas y manchas que también le empujan,
hasta abrir, entre el estrecho pasado y la búsqueda,
un inabarcable foso que llega
mucho más allá de todos los jardines;
mucho más profundo que la ingravidez de una mente destruida
dentro del resto del espacio en el que empieza a construir.

Allí,
contempla el alegre colorido de un ritmo eternamente primaveral.
Entre la hermosura de este nuevo y exuberante tapiz
descubre la pureza que nunca había tenido en el amor,
descubre la entrega al amante sin medida,
hasta en el cansancio, hasta en la fatiga;

descubre la entrega sin límites a la vida
cuando las almas son blancas,
hasta en el exterminio, hasta en la sangre,
hasta entre el llanto de la criatura recién nacida,
hasta en la búsqueda de consuelo para ese llanto;

descubre las ennegrecidas almas de muchos más
hasta en los gestos, hasta en el sufrimiento,
hasta en el filo del arma blanca hundido en los cuerpos;

hasta en la cordura que hay en el hablarle a la muerte
para decirle con un beso: en seguida vuelvo.

sábado, 14 de marzo de 2009

LO PERDIDO EN LA ESTACIÓN.



11 de marzo de 2009.

Ingravidez de las vísceras
por un pensamiento de piezas negras.
Ingravidez de las ideas
por el vacío del día a día.
Ingravidez de la luz
por un esfuerzo que ni siquiera sabe si desea
tras lo perdido en la estación.

Fría claridad de un día mortal,
pues al nacer ya muestra su final
a través del agotado discurrir
entre la oscuridad de la noche
y la claridad que se acerca.

Lejos del entusiasmo de una victoria más
sobre el tiempo,
descansa al prolongado momento íntimo
en que escondido bajo su refugio
escapa del mundo.

Fragilidad escondida tras una fortaleza
que han construido para una seguridad
que sólo ha llegado a percibir mermada
desde hace ya muchos atardeceres.

Persecución cercana, conocida.
Sensibilidad extrema de una piel
que alcanza al vuelo las opiniones,
el gesto indiscreto, el apoyo funesto.

Frente a la ventana, contempla estirpes voladoras
en busca de sustento;
pequeños puntos negros
que parecen despegar
sus oscuras alas más allá del cuerpo.

Frente a la ventana, balcones conocidos
en los que busca gente,
en los que añora simiente.
Espacio completo, enmarcado,
ahogado por una rítmica armonía de colores y mantos.
Algo los conduce hacia su vista
y le obliga a reconocer, para sí,
en la lejanía, el poder de su presencia
frente a su inmovilidad.

Frente a la ventana, lo nuevo y lo antiguo;
conectados, unidos por un cuerpo
que respira pero no avanza;
movidos por un puente
que todos cuidan aunque no lo reclama.

Cualquier día antes del 11 de marzo de 2004.

Deseó avanzar lentamente
entre las caras coloreadas
y las piernas aceleradas.
Quiso salir a desear,
a agachar la cabeza para contemplar
los retablos escogidos
de caras misteriosas
que los nuevos mendigos
estampaban a sus pies.
Quiso escuchar la torpe melodía
del diálogo que las guitarras
mantenían desde los dos lados
del agitado murmullo
que de tarde en tarde les pagaba
con cuatro enfundados duros.
Quiso salir a encontrar
los libros más viejos
en el mercado del suelo de colchas.
Quiso buscar
los fantasmales malos pelos
que en su paseo
saludaban su afecto.

Más allá, en el parque, sintió
por los vuelos del ruiseñor desconocido,
por los cánticos gentiles y sin sentido de las monjas
que se habían rodeado,
para que el gentío disfrutara,
de la suave tentación de un fiel destino
vestido de blancos velos.

Más allá, en el parque,
donde la fresca vegetación
vió unirse los lazos irrompibles
de sus valiosas esencias pasadas,
se imaginó con el paso del tiempo
viendo crecer la hierba del farol
a los pies de la luz de su música;
se vió, con el paso del tiempo,
imaginando un presente
de proyectos y equipajes,
pero nunca de desconcierto y de sangre.