viernes, 14 de agosto de 2009

Momentos en familia.


Pasaron años.
Para algunos
la mitad de media vida.

Pasaron días.
Historias, cenas y huídas.
Murmullos y voces,
pasado y futuro entre comida.

Y al pasar,
cuando la entrega y el tiempo
no ponen el límite,
como si de ayer estuviésemos hablando...
Se encontró el momento.

Tras el aperitivo en el bar;
tras los recuerdos de una lucha que no acaba;
tras los colores del pincel
sobre las telas femeninas,
tras las dudas en el amor;
tras la felicidad del niño
entre juego, risas y alegría;
tras la sorpresa bien guardada,
tras el preciso objetivo de la cámara
que recorrió cien bosques;
tras el mojito
en el refrescante murmullo del silencio...
Se encontró el momento.

Sumando las cuerdas de su guitarra,
de una bandurria y de las gargantas,
evocamos la mitad de media vida
y un cuarto de nuestra alma;
trajimos el gen heredado
de la canción de la patria;
nos elevamos a la compañía
del cariño en la batalla.

Llegó el momento de la magia,
en secreto construida
con la luz de las penumbras
que reinan en cada casa;
llegó cuando la noche se agita
sobre los tejados grises
en los que valiente se desliza
un gato cojo que es libre;
nos alcanzó sin remedio
cuando la noche se arrima,
aunque todos empujemos
para frenar su salida.



jueves, 30 de julio de 2009

domingo, 7 de junio de 2009

MAESTRO BENEDETTI














Fotografías: José María Molina.




Como un cristo sólo humano, terrenal,
de versos divinos -sin un ápice de divinidad-,
has deseado que tu muerte sea un justo sacrificio
que salve, de tu pronosticado suicidio,
a toda la humanidad.


1985.
Así llegaste a mí junto a la voz de Serrat.
Criticando el ritual, el culto...
y hasta la llaves del reino que manejan la urbanidad:
el Norte mandará.

Así, desde la voz de Serrat,
en un momento crucial,
moviéndome en la frontera del militar al civil,
del estudio a la carrera, del amor a la pareja,
caló en mí la identidad del hombre aún disponible
que traga frutos amargos, que hace siempre lo imposible
mientras el Norte le deja.

Y siguen predicadores, esos gases que envenenan,
terratenientes y ricos, grandes gastos en defensa
y la mentalidad invasora, pues el Norte es el que ordena.
Así, desde tus versos, su música y su voz,
asumí ese sentir desde el Sur que aprovecha siempre el sol,
que usa lo que le sirve y nada desaprovecha;
recogí las ideas antimisil y antiguerra de galaxias;
profundicé en las raíces, la memoria y el recuerdo
de una tierra que publica que este Sur es del planeta.

2009.
Y ahora, que abandonaste tu versión terrenal,
tal y como tantas veces pronunciaste
heredamos una humanidad que sigue viva;
pero ya sabes: herida de muerte.

Ahora que ya siempre estarás con nosotros,
intento seguir tus mandatos sin conseguirlo.

Primero, me dejo empujar en la justa medida,
porque debes reconocer que ese impulso
también se necesita.

Segundo, sigo cultivando mis sueños,
pero siento que no todos se apoderan de mi realidad;
comprenderás que no soy perfecto.

Eso sí, asumo las consecuencias de lo que hago,
a pesar de que en este mundo sigue siendo muy arriesgado.

Cuarto, intento distinguir y deshechar los insensatos consejos
que se apoyan en divinas manos.

Aún así soy agradecido con cada nuevo día,
con la vida, con una sonrisa,
pero me cuesta ayudar a las personas
que tras mis cristales veo egoistas e injustas,
salvo cuando me aseguro de que me darán algo a cambio.

Aunque a veces con esfuerzo, acepto la crítica,
construyendo hasta de la que no viene de frente,
incluso de la que está de tacto ausente.

Séptimo, busco soluciones hasta el cansancio,
y aunque procuro la justicia, soy humano;
cuando me siento injusto, soy sincero, razonable
y persistente en el cambio.

Octavo, me gusta no ser juez,
aunque me resulta difícil decir a otros que no lo sean.

Y a estas alturas me cuesta mucho sacar de la cabeza
lo que no sale del corazón;
me cuesta, pero consigo digerir, el perder;
me cuesta, pero acepto, el error;
me cuesta, pero admito, la derrota.

(Creo que no llegué a diez.)

Me cuesta, Maestro, pero miro al horizonte
del mar de tus palabras en la oscuridad de la noche
y casi siempre logro encontrarte.
Pero sólo a veces logro encontrarme.

lunes, 1 de junio de 2009

REFLEXIÓN POLISÉMICA SOBRE NEGRAS ACTITUDES CUBIERTAS DE FALSA POLICROMÍA

Fotografía: Kaiko de su colección "Marroc",
www.kaiko.es


Gustaba.
Sí, la verdad es que me gustaba
contemplar con los ojos de la ilusión,
a veces blanca, a veces negra,
el multicolor paisaje de la intuitiva reacción
que multiplica el daño por mil.
Me gustaba estar cerca
porque creía que podía cambiarlo.

Visualizar la inocencia que hace daño
multiplicado por un millón,
y asimilarlo hasta que el dolor
se hace impulso de vida
diluido en la sangre del corazón.

Me ha gustado.
Sí, irremediablemente me ha gustado
verte distinguir en el abstracto lienzo
del arte que refleja nuestro mundo
y todo alrededor,
que pocas pinceladas son blancas o negras,
sino más bien lo parecen a lo lejos
en las miradas con gafas de cristal
de algún color;
me ha gustado
que al acercarte a verlo
tu rostro ha reflejado la rabia del que descubre
que tanto el blanco como el negro
expresan en la proximidad
su verdadera gama de impresión en grises.
El blanco, que no lo es tanto,
oculta una capa de negros mas gris.
El negro, que no lo es tanto,
desplaza entre surcos un blanco
que si la vista no engaña
casi parece gris.




sábado, 18 de abril de 2009

Más allá del alma ennegrecida de Palmira, cuando salió de su jardín ("MÁS ALLÁ DEL JARDÍN" DE ANTONIO GALA)















Tanto el paisaje ennegrecido por la humillación del ser humano
que habita más allá de su jardín, en su ciudad,
como las inagotables necesidades de una miseria que avanza,
más cuanto más lucha por destruirla,
salpican de levedad lo que sucedió y todo lo perdido.

Gotas y manchas que también le empujan,
hasta abrir, entre el estrecho pasado y la búsqueda,
un inabarcable foso que llega
mucho más allá de todos los jardines;
mucho más profundo que la ingravidez de una mente destruida
dentro del resto del espacio en el que empieza a construir.

Allí,
contempla el alegre colorido de un ritmo eternamente primaveral.
Entre la hermosura de este nuevo y exuberante tapiz
descubre la pureza que nunca había tenido en el amor,
descubre la entrega al amante sin medida,
hasta en el cansancio, hasta en la fatiga;

descubre la entrega sin límites a la vida
cuando las almas son blancas,
hasta en el exterminio, hasta en la sangre,
hasta entre el llanto de la criatura recién nacida,
hasta en la búsqueda de consuelo para ese llanto;

descubre las ennegrecidas almas de muchos más
hasta en los gestos, hasta en el sufrimiento,
hasta en el filo del arma blanca hundido en los cuerpos;

hasta en la cordura que hay en el hablarle a la muerte
para decirle con un beso: en seguida vuelvo.

sábado, 14 de marzo de 2009

LO PERDIDO EN LA ESTACIÓN.



11 de marzo de 2009.

Ingravidez de las vísceras
por un pensamiento de piezas negras.
Ingravidez de las ideas
por el vacío del día a día.
Ingravidez de la luz
por un esfuerzo que ni siquiera sabe si desea
tras lo perdido en la estación.

Fría claridad de un día mortal,
pues al nacer ya muestra su final
a través del agotado discurrir
entre la oscuridad de la noche
y la claridad que se acerca.

Lejos del entusiasmo de una victoria más
sobre el tiempo,
descansa al prolongado momento íntimo
en que escondido bajo su refugio
escapa del mundo.

Fragilidad escondida tras una fortaleza
que han construido para una seguridad
que sólo ha llegado a percibir mermada
desde hace ya muchos atardeceres.

Persecución cercana, conocida.
Sensibilidad extrema de una piel
que alcanza al vuelo las opiniones,
el gesto indiscreto, el apoyo funesto.

Frente a la ventana, contempla estirpes voladoras
en busca de sustento;
pequeños puntos negros
que parecen despegar
sus oscuras alas más allá del cuerpo.

Frente a la ventana, balcones conocidos
en los que busca gente,
en los que añora simiente.
Espacio completo, enmarcado,
ahogado por una rítmica armonía de colores y mantos.
Algo los conduce hacia su vista
y le obliga a reconocer, para sí,
en la lejanía, el poder de su presencia
frente a su inmovilidad.

Frente a la ventana, lo nuevo y lo antiguo;
conectados, unidos por un cuerpo
que respira pero no avanza;
movidos por un puente
que todos cuidan aunque no lo reclama.

Cualquier día antes del 11 de marzo de 2004.

Deseó avanzar lentamente
entre las caras coloreadas
y las piernas aceleradas.
Quiso salir a desear,
a agachar la cabeza para contemplar
los retablos escogidos
de caras misteriosas
que los nuevos mendigos
estampaban a sus pies.
Quiso escuchar la torpe melodía
del diálogo que las guitarras
mantenían desde los dos lados
del agitado murmullo
que de tarde en tarde les pagaba
con cuatro enfundados duros.
Quiso salir a encontrar
los libros más viejos
en el mercado del suelo de colchas.
Quiso buscar
los fantasmales malos pelos
que en su paseo
saludaban su afecto.

Más allá, en el parque, sintió
por los vuelos del ruiseñor desconocido,
por los cánticos gentiles y sin sentido de las monjas
que se habían rodeado,
para que el gentío disfrutara,
de la suave tentación de un fiel destino
vestido de blancos velos.

Más allá, en el parque,
donde la fresca vegetación
vió unirse los lazos irrompibles
de sus valiosas esencias pasadas,
se imaginó con el paso del tiempo
viendo crecer la hierba del farol
a los pies de la luz de su música;
se vió, con el paso del tiempo,
imaginando un presente
de proyectos y equipajes,
pero nunca de desconcierto y de sangre.